Una ciudad devastada y destruida por
una guerra que nunca paso, un parque solitario, frío, gris y deprimente, cubierto
por un manto de nubarrones. En él, dos hombres, echados en suelo enmudecidos y
aterrados, viendo como el tercer muchacho de su grupo era destrozado por una
gigantesca criatura, obscura, maligna, había atravesado su pecho con lo que
parecía ser una garra, y con la otra penetro una vez más la herida y extendió
los brazos, partiendo al joven a la mitad.

